lunes, 28 de diciembre de 2009

El autobús


Hace un par de semanas me compré dos de libros de cocina.
"Harumi's Japanese home cooking" y
"The Pioneer woman".

El primero lo compré porque siempre he querido aprender a cocinar comida japonesa. Y de hecho, la ensalada de berenjenas de Nochebuena me encantó. Primera receta realizada con éxito. La sopa de miso de Harumi, deliciosa.
¡Segunda receta!


El segundo lo compré porque me pareció... curioso. Resulta que el libro lo escribe una angelina (así llaman por aquí a los de Los Angeles) que se enamoró de un cowboy, se casó y se fue a vivir a un rancho. ¡Toma ya!. Sí, parece una película, pero es real. La mujer en cuestión lleva ya trece años viviendo con "Marlboro man" (que es como ella misma llama a su marido en el libro) y ha aprendido recetas típicas de la comida americana, de la de siempre. Porque aquí también comen cocidos...
Así que... ¡¡¡¡perfecto para mi!!!!. Jajaja. Por el momento he hecho las costillas de cordero (ricas, ricas) y la tarta de zanahoria(véase foto superior).
De presentación no me quedó muy allá (porque no usé los moldes adecuados...ejem) pero de sabor... INCREÍBLE!!!! ¿Modesta, yo? Jajaja.

Por cierto, la mujer cowboy tiene página web. Por si alguien está interesado. Muchísimas recetas en su web. ;D http://www.thepioneerwoman.com/

A veces... ¿no parece esto un blog de cocina? Jajaja.

Anyway...

El caso es, que cuando volvía a casa en el autobús, me puse a juguetear con mis libros nuevos, por lo que hice algo de ruido con mi bolsa de plástico.
Repito, algo de ruido, lo justo para sacar los libros, vamos.
Y entonces la mujer que se sentaba delante de mi... se dio la vuelta y me miró con odio.
¡¡Con mucho odio!!. Creí que me iba a soltar una leche.
Aquí la gente en el autobús suele ir en silencio. Aunque vayan juntos, la gente va en silencio. Creo que utilizan el bus como spa antes de ir a casa, el trabajo, el colegio...

Qué miedo me dio la señora en cuestión. Era una mujer negra, de unos cuarenta años. Con el pelo muy corto y los ojos grandes, muuuuy grandes, parecía que se le iban a salir de las órbitas y me iban a dar una bofetada.
Yo sonreí y dije un.... "I'm sorry"... bastante tímido. Ella se giró y comenzó a balbucear... mientras, de vez en cuando, me aniquilaba con el rabillo del ojo...

¡Qué carácter! De verdad...

Desde entonces, no suelo abrir el bolso en el autobús. Me he mimetizado con los angelinos y ahora miro por la ventana mientras escucho la banda sonora que me regalaron mis amigos antes de venir o leo un libro. En silencio. Siempre en silencio.

A la semana siguiente la encontré en el bus, otra vez... volvía a balbucear y cagarse en todo por lo bajini... me dí cuenta de que la cosa del otro día no iba conmigo exclusivamente.
En general, esta señora está de mala leche... en fin.


Los autobuses son interesantes... la gente, cuando llega a su parada, le da las gracias al conductor y le desea buen día o felices fiestas.
Los conductores, cuando ya te conocen, paran cuando saben que te vas a bajar sin que tires de la cuerdita para solicitar stop. Aquí no se estilan los botones, utilizan una cuerda un poco más rústica...
También te esperan si ven que vas a perder el autobús.
Yo lo cojo a las 7.20am todas las mañanas, siempre me encuentro con un hombre enano muy educado que siempre llega corriendo por miedo a perder el bus. Saluda, pide perdón, sonríe. Pero siempre llega tarde. Yo me hago la remolona para subir para darle más tiempo y el señor autobusero siempre le espera con una sonrisa.
Me siento en el mismo asiento cada mañana. Parece que espera vacío a que yo llegue.
Si alguien intenta colarse, el conductor se baja del asiento y se pone a caminar detrás de la persona gritando... "Sir, sir, come here!!! sir!!!!!!"
Eso sí, si el que intenta colarse es una persona sin hogar... normalmente hacen la vista gorda.

Mucha gente sin hogar en LA... normal por otro lado, teniendo en cuenta que la ciudad de Los Angeles tiene un área de 1.214,9 km²... (boca abieeeeerta)

El día de Nochebuena, cuando estuve en la playa, vi a dos hombres cubiertos por mantas en la arena. Al anochecer, al lado del mar, hace frío... el viento es fuerte... me dio mucha rabia.
En esos momentos te dan ganas de ayudar a todos aquellos que te encuentres y genera una gran impotencia saber que no puedes hacerlo.
Decidí que al menos por esa noche ayudaría a alguien.

En el supermercado que hay frente a mi casa siempre hay dos o tres personas pidiendo... En Nochebuena sólo había una mujer. Así que cuando salí..."Ma'am, Any change?".
Le dí $20. Al menos para que esa noche pudiera cenar decentemente.

"Oh you gimme five Ma'am? Ooooooh 20!!! thank you ma'am, Merry christmas ma'am!"

Si hubierais visto sus ojos... el cambio en su cara, en su expresión. Alucinante.
Y yo, yo no me sentí mejor por haberle dado veinte dólares. Todo lo contrario.
La impotencia, más fuerte aún.


Al día siguiente, en Navidad, fui al cine. Me encontré con muchas familias.... qué maravillosas son las fiestas que nos reunen. Se respira cariño.

Cuando estaba llegando a casa en el autobús, me acordé de la mujer del supermercado. De sus ojos. De su cara. Y de pronto me dí cuenta.... ¡Era la mujer del autobús! La misma que me dio miedo, la misma que me miró con ganas de matarme cuando la molesté con mi ruidosa bolsa... ¡eran la misma mujer!.La misma mujer, los mismos ojos con diferente emoción...

Y yo tardé casi un día en relacionarlas...

La vida es increíble, ¿verdad?. Hemos tenido una historia juntas, en Navidad.
El destino ha querido que me tope con la misma mujer tres veces en menos de dos semanas en una ciudad de 1.214,9 km².

Increíble.

No words



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