lunes, 13 de abril de 2015

Nora Walker



En otra vida podría ser…

Madre. Sí, en ésta quizá también, aunque se van desdibujando las caras de mis tres hijos deseados a medida que pasan los años. Marta, Diego, Vega es posible que nunca lleguéis a existir… aunque en cierto modo ya lo hacéis, en mi corazón, desde hace muchos años… Puedo ver el pelo rizado de Marta, con sus grandes ojos verdes (como los de la abuela), puedo ver la cara de pillo del pequeño Diego, el mediano, pero aun así siempre el más canijo. Con su coche rojo y su capa de Batman a todas partes. Y puedo verte a ti también, Vega. Mi pequeña y tímida nenita. Devoradora de libros y coleccionista incansable de flores.
Pero sí, me voy a aferrar un poco más a vosotros, voy a permitirme soñar un poco más con que algún día seréis mis niños. Sí, en ésta vida… no en otra. 

En otra vida podría ser… madre de una preciosa pelirroja. Estaríamos ella y yo. Solas ante el mundo (Parece que lo de no tener pareja me persigue en esta vida y en todas…). Podría resumir todo el pasaje poniendo un enlace a “Las chicas Gilmore”, y es que es así, tal cual o casi… viviríamos en un pequeño pueblo de algún lugar de Estados Unidos. Yo llevaría un pequeño y encantador hotel rural a las afueras. 
Mi pelirroja sería el fruto de un encuentro con mi amor de instituto… ese que por una cosa u otra nunca parece ser el chico adecuado en el momento correcto. Estaría obcecadamente enamorada de él, mientras delante de mi estaría el amigo más fiel, el hombre más noble, el posible amor de mi vida… y yo, sin enterarme… 

Cuando la pelirroja fuera pequeña jugaría con ella a casitas, piratas y princesas. Todos los sábados por la mañana nos iríamos de excursión. Y la noche de los jueves sería noche de brujas y chocolate. Prepararíamos tartas caseras y escribiríamos hechizos que lanzaríamos por la ventana antes de escuchar historias de Camelot antes de acostarnos…
Al menos un día a la semana iríamos a clase vestidas de lo que nos diera la gana. Con un antifaz de superhéroe, un tutú de purpurina o unas alas de hada del bosque. Pasaríamos por fase “quiero ser patinadora”, “quiero ser científica”, “quiero ser astronauta”, “quiero ser bióloga”. Quiero ser… quiero ser…. 

Iríamos a clase de baile y tendríamos un torno de alfarero en el garaje, ese sería nuestro taller mágico. En verano haríamos limonada casera y en invierno cocinaríamos galletas de jengibre y canela sólo porque nos encanta el olor que dejan por toda la casa.
Cuando fuera un poco mayor empezaríamos a ver pelis juntas. Le enseñaría las comedias clásicas y las de aventuras de los 80. Y cuando ya fuera universitaria y se quisiera alejar de nuestro pequeño pueblo,  mi pelirroja y yo discutiríamos un montón… pero haríamos las paces ante un par de margaritas y un trozo de tarta de chocolate, por los viejos tiempos. 

No sé qué pasaría después… probablemente la pelirroja se enamoraría y ella misma sería madre… o pasarían los años y cambiaríamos de serie, de familia, de estado y de madre… y entonces yo sería la matriarca de una familia de “Cinco hermanos”, viviríamos en California, cerca del mar y cerca de los viñedos familiares… y sí, discutiríamos, mucho, pero siempre alrededor de la isla de la cocina, mientras preparamos la cena y siempre con una botella abierta de un buen Merlot. Porque la familia es importante, la escucha es importante, el amor es importante, creer en la belleza de tus hijos es importante. ¡Ay! Sally Field aka Nora Walker… la madre que todas quisiéramos llegar a ser, la madre que todas quisiéramos tener.

domingo, 5 de abril de 2015

Morgana

  
En otra vida podría ser... 

  Florista. Me gusta más la palabra floristera, pero no existe. Estoy destinada a enamorarme de todo aquello inalcanzable, está claro.
En otra vida tendría un pequeño invernadero en una plaza tranquila, en el casco viejo de cualquier ciudad del mundo... hoy el lugar no es importante. 

Tendría plantas y flores de todos los países posibles. Sería un lugar mágico, lleno de luz, con una fuente de los deseos de piedra antigua, decorada con cuarzos y jade. Alrededor mesas y sillas para quien quisiera pudiera venir a pasar el rato.  Leer, coser, quererse, mimarse... simplemente estar. 
Una librería de madera antigua albergaría para el disfrute del visitante, textos de Shakespeare, Goethe, Lorca o Valle Inclán. Habría una zona con un pequeño huerto, nutrido con pimientos, tomates, fresas, albahaca, romero. También un limonero... 
Y un árbol de la verdad; rodeado de pequeñas hadas y gnomos para que los pequeños pudieran jugar.
Haríamos clases cerámica, música en directo las noches de los viernes, e incluso algún ritual mágico en los solsticios de verano e invierno (queimada y lectura de conxuro incluido).

Prepararía flores para días especiales como bodas, cumpleaños y aniversarios de toda una vida de Amor. Y sí, en el día de los enamorados todas las flores serían gratis, para que todo aquel que quisiera pudiera tener un detalle con la persona amada. 

Tendríamos los bonsáis más raros y también las plantas más hermosas y mortales. Las de toda la vida, y hasta un minicampo de margaritas y tréboles de la suerte.

Al menos dos veces al mes, prepararía varios ramos que regalaría a gente desconocida. Así, sin más. Porque está bien que de vez en cuando nos encontremos con un hermoso ramo de flores en la puerta. Con una tarjeta que te desee un día maravilloso y que no venga firmada por nadie. Todos merecemos tener un admirador secreto... al menos, pensar que lo tenemos. 

Creo que esta vida no tendría pareja, aunque sí habría vivido una historia de amor maravillosa que quizá tubo que terminar demasiado pronto... pero que dejó en mi la huella de una mujer tranquila que siente que ha hecho las paces con el mundo. 

El tulipán es mi flor favorita. Lo es gracias a un reportaje que una vez vi de Audrey Hepburn. El blanco es mi preferido, y curiosamente ahora leo que a una variedad de tulipán blanco se le dio su nombre. Probablemente por eso sea mi favorito, aunque el dato no lo guardara en mi memoria... Eso pasa en esta vida y en todas...

Mi pequeña tienda se llamaría "Morgana", en honor a Marion Zimmer Bradley y la maravillosa "Las Nieblas de Avalon" que desataron mi pasión por las brujas "malas" e incomprendidas.

Y sí, en verano tendríamos siempre limonada fresca y en invierno chocolate caliente. ^_^