domingo, 5 de abril de 2015

Morgana

  
En otra vida podría ser... 

  Florista. Me gusta más la palabra floristera, pero no existe. Estoy destinada a enamorarme de todo aquello inalcanzable, está claro.
En otra vida tendría un pequeño invernadero en una plaza tranquila, en el casco viejo de cualquier ciudad del mundo... hoy el lugar no es importante. 

Tendría plantas y flores de todos los países posibles. Sería un lugar mágico, lleno de luz, con una fuente de los deseos de piedra antigua, decorada con cuarzos y jade. Alrededor mesas y sillas para quien quisiera pudiera venir a pasar el rato.  Leer, coser, quererse, mimarse... simplemente estar. 
Una librería de madera antigua albergaría para el disfrute del visitante, textos de Shakespeare, Goethe, Lorca o Valle Inclán. Habría una zona con un pequeño huerto, nutrido con pimientos, tomates, fresas, albahaca, romero. También un limonero... 
Y un árbol de la verdad; rodeado de pequeñas hadas y gnomos para que los pequeños pudieran jugar.
Haríamos clases cerámica, música en directo las noches de los viernes, e incluso algún ritual mágico en los solsticios de verano e invierno (queimada y lectura de conxuro incluido).

Prepararía flores para días especiales como bodas, cumpleaños y aniversarios de toda una vida de Amor. Y sí, en el día de los enamorados todas las flores serían gratis, para que todo aquel que quisiera pudiera tener un detalle con la persona amada. 

Tendríamos los bonsáis más raros y también las plantas más hermosas y mortales. Las de toda la vida, y hasta un minicampo de margaritas y tréboles de la suerte.

Al menos dos veces al mes, prepararía varios ramos que regalaría a gente desconocida. Así, sin más. Porque está bien que de vez en cuando nos encontremos con un hermoso ramo de flores en la puerta. Con una tarjeta que te desee un día maravilloso y que no venga firmada por nadie. Todos merecemos tener un admirador secreto... al menos, pensar que lo tenemos. 

Creo que esta vida no tendría pareja, aunque sí habría vivido una historia de amor maravillosa que quizá tubo que terminar demasiado pronto... pero que dejó en mi la huella de una mujer tranquila que siente que ha hecho las paces con el mundo. 

El tulipán es mi flor favorita. Lo es gracias a un reportaje que una vez vi de Audrey Hepburn. El blanco es mi preferido, y curiosamente ahora leo que a una variedad de tulipán blanco se le dio su nombre. Probablemente por eso sea mi favorito, aunque el dato no lo guardara en mi memoria... Eso pasa en esta vida y en todas...

Mi pequeña tienda se llamaría "Morgana", en honor a Marion Zimmer Bradley y la maravillosa "Las Nieblas de Avalon" que desataron mi pasión por las brujas "malas" e incomprendidas.

Y sí, en verano tendríamos siempre limonada fresca y en invierno chocolate caliente. ^_^







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